“Mamá levántate, ya salió el sol”, esas son las palabras con las que me despierta Ana Paula en la mañana, los días que no va al nido, si no es su papá el que me levanta, es ella, sí soy dormilona. Y empezamos el día, ella se estira, con su paciencia se viste o mejor dicho "me ayuda" a vestirse, mientras las manijas del reloj avanzan, ella no está apurada “¿Mamá a dónde vamos hoy?” o “¿qué vamos a hacer hoy?” esas son sus preguntas usuales, si vamos a algún lugar ella es la más feliz, la más emocionada, pero si le digo que no iremos a ningún lado, no se queda muy conforme, tenemos que ir aunque sea a la esquina. Luego se asea, escoge sus ganchitos del día y una vez lista, si su papá ya está trabajando en su oficina, de un brinco va a buscarlo, le toca la puerta, él abre y se funden un abrazo como si no se hubieran visto en mucho tiempo, un besito y bajamos a tomar desayuno, “¿papá vamos a jugar?”, “¿papá a qué jugamos?”, ella le pregunta, saltando, siempre saltando y así seguirá en lo que resta del día, jugando, corriendo por la casa, pero no le gusta hacerlo sola, por supuesto, “¿mamá vamos a jugar?, “juega conmigo”, me dice, “salta, salta pequeña langosta”, le canto y ella se ríe, cómo se ríe y salta.
