
Mi hija es lo máximo, es que es mi hija, claro; ¿qué madre no diría lo mismo de sus hijos?, es natural, los amamos, son preciosos para nosotros, especiales, cada logro, cada cosita nueva que hacen lo celebramos con alegría, se nos cae la baba por ellos. Siempre me ha encantado ver esa fascinación de los padres por sus hijitos, ese orgullo y satisfacción que sienten cada vez que sus pequeños desarrollan una habilidad nueva; esto es lo que yo también he venido ha experimentar el día en que me convertí en madre, pero lo que también he venido a descubrir es que en algunos casos este sentir puede realmente convertirse en una competencia descarnada para algunas, una carrera por quién llega primero, quién lo logra antes y mejor. No les ha pasado que ya desde el primer día que nace tu hijo, no falta quien diga: mi bebé cuando nació ya levantaba la cabecita..., mi bebé ya abría los ojos..., o mi bebé lactó sin problema..., mientras que tú estas sufriendo por lograr que aprenda a lactar; luego vienen las preguntas: ¿ya gatea?, ¿ya se para?, ¿ya le salieron los dientes? ó ¿qué todavía no deja el pañal?, ¿todavía no camina?, ¿todavía no habla? y la lista es larga.