No puedo creerlo, "cuando tienes hijos el tiempo vuela"- ya me lo habían dicho pero recién entiendo a que se referían. Hoy mi hijita cumple 4 años y ya no es más una bebé, aunque yo diga que siempre será mi bebé. Ella ya es toda una niñita, yo aún lo estoy procesando y no puedo evitar sentir una mezcla de emociones, por un lado alegría por verla crecer tan linda, juguetona, alegre, determinada, descubrir como es ella, lo que le gusta y lo que no, poder hacer más cosas juntas porque está más grande, esto me llena de ilusión; pero por otro lado la nostalgia se asoma inevitable.
"Papi queye juga pelota po favoooo?" y claro que va a jugar, aunque tenga mucho trabajo por terminar, aunque eso signifique quedarse hasta las 3 de la madrugada, él llega y a ella le brillan los ojos. Me encanta verlos en sus juegos, bailes o “peleas” con la almohada de Hello Kitty. Es mi esposo y padre de mi hija; aunque no siempre puede quedarse claro, pero me encanta verlos en sus momentos padre e hija y me doy cuenta que esto es algo que sólo él puede darle, es que yo soy la mamá, pero él, él es el PAPÁ, y su identidad y autoestima está íntimamente ligada a cómo él la ve y la trata, en esa relación única y especial que tienen.
Cuando ella quiere que la peinen de una forma o le pongan su ropita favorita (digamos Peppa o Hello Kitty) inmediatamente busca su aprobación, ella se para en la escalera y no baja hasta que él la vea y le diga lo bonita que se ve, nadie se lo enseñó, es natural, y si aprendió algo nuevo, hizo algún dibujo especial o ayudó a mamá él tiene que verlo y felicitarla, por supuesto, con palmas y abrazos incluido.