Tengo mis días, días buenos, muy productivos en los que me siento con full energía pero, nosé ustedes, desde que soy mamá también tengo mis días en los que simplemente no me dan ganas de hacer nadaaa, en el sentido exacto de la palabra NADA; quedarme en cama y dormir más, no cocinar, ni limpiar, ni siquiera jugar con mi hija, sin cosas que hacer, en verdad, son días en los que sólo quisiera que me traigan el desayuno a la cama, pedir delivery, dormir, no mover ni un dedo, pero no puedooo, simplemente tengo que hacerlo, soy MAMÁ, amo a mi hija, pero eso no impide que lleguen esos días en los que me convertiré en una mamá en modo zombi, a lo “walking dead”, (bueno no tan creepy) y sin lo apocalíptico y no se preocupen que no dura mucho, es reversible. Me empecé a dar cuenta que estaba en modo zombie no hace mucho, pero pensándolo bien esto ya venía de tiempo atrás, y no me había dado cuenta hasta que mi esposo me lo hizo notar, me hizo reír y es que es verdad, bueno a veces las cosas que nos trae la maternidad y que nos superan hay que tomarlas con humor, no esta mal reírse de uno mismo de vez en cuando, hasta es bueno para nuestra salud mental, porque no me van a negar que a veces nos ponemos medias locas, medias zombies...
