Recuerdo esa noche como si fuera ayer y no puedo creer que ya han pasado casi 4 años. Desde el inicio mi embarazo muy bien, con una placenta intermedia pero nada de que preocuparse, mi esposo y yo habíamos planificado ser padres y esperábamos súper ilusionados la llegada de nuestra hija; yo una mamá primeriza total, no faltaba a ninguno de mis controles siempre con mi esposo, los dos completamente ilusionados y comprometidos con esta experiencia increíble. Me informé, investigue y seguí al pie de la letra casi todas las recomendaciones, vitaminas, no cafeína, no tacos altos y otros cuantos mitos y verdades que existen por ahí para tener el mejor embarazo. Aflorando mi parte quizás controladora y a la vez temerosa que se contraponía por momentos a mi confianza en Dios; como cristiana, conocía que Él tenía mi vida y la de mi hija bajo control; pero Él me lo iba a mostrar de forma real y vivencial un 13 de Agosto del 2010.