
Y llegó el día tan esperado, por fin podré verte, han pasado 10 días, 10 largos días desde que naciste demasiado pronto mi bebita, 10 días desde que me dieron de alta y me fui a casa con el vientre vacío, ese vientre materno que te albergó por casi 7 meses, ahora ya ni podía sentir tus pataditas, estaba vacío y mis brazos también, esos brazos que esperaban por acunarte, me fui sin ti. ¿Cómo lo soporté? sólo Dios sabe, de alguna forma respaldada por el amor de mi esposo, mi familia y amigos y aún desconocidos, ¿pero tú? ¿tú como lo soportaste mi bebé?, lejos de mamá, en esa incubadora que te mantiene viva, pero no te besa, no te abraza, no te canta, ni consuela tu llanto. Por fin me dejarán verte, ya no tengo ese virus inoportuno que nos mantuvo alejadas, que nos separó. Casi no he podido dormir, nos levantamos temprano, quiero estar allí, aunque sé que tendré que esperar un poco aún, aunque sé que el camino aún es largo, que no podrás irte a casa con papá y mamá todavía, que tendré que ser fuerte por ti. Pero sabes, ya te había visto, sí vi tu piecito el día que te trasladaron a este hospital, lo sacaste de debajo de la colchita que te cubría toda y lo movías con mucha vitalidad, como saludándome: mami mírame estoy bien, me habían dado de alta el día anterior y ya estaba correteando por tu traslado y por alguna razón o por la adrenalina del momento la herida y el dolor de la cesárea era lo de menos, no sentía casi nada, sólo el dolor del corazón por verte así, pero tengo que ser fuerte como tú lo estas siendo, mi valiente hija, dicen que los bebés perciben todas las emociones de la mamá.