Tengo una preciosa hija a la cual a veces le digo “mi princesita”, la princesa de mi castillo, tengo otros apelativos cariñosos que uso con ella, pero este en particular me parece de lo más tierno y femenino, sin embargo tiene una especie de estigma y se que muchas feministas alzarían su voz por considerarlo sexista tal vez, no es mi intención y aunque se le digo de cariño, a mi hija no la afecta ni la coacciona, ni es lo que busco, simplemente no tiene la inclinación, ella prefiere ser una pirata y buscar tesoros, o ser una superhéroe, o construir torres con bloques y legos, o jugar a la doctora y de vez en cuando a la cocinita de tanto ver Junior Master Chef. Ella es femenina, es algo innato en las niñas, pero también es muchas cosas más y eso es algo que quiero que lo sepa bien. Ella tiene 4 años y está descubriendo el mundo y así misma y es mi misión como madre acompañarla e impulsarla en ese proceso, sin encasillarla, libre de estereotipos y de desventajas por ser mujer y eso empieza por casa, en la infancia. Tanto el machismo y el feminismo son el resultado de la crianza inculcada en los hogares de los que hoy son adultos, donde se hacen diferencias injustas entre hijos e hijas, esto se refleja en toda la sociedad, sociedad en la que estamos criando a nuestros hijos.
